Atiendes desolado
el llamado de las rompientes de tu vida
a la deriva yerto y en harapos
Es en las madrugadas cuando, media dormida y media despierta, mi alma puede al fin tocar esa musiquilla eterna. Pero son solo momentos pasajeros los que tranquilo me alejan de todo contexto.
A la luz de los indecisos semáforos e indiferentes postes, como rubias estrellas lejanas, las calles a penas logran bosquejar claridades difusas, suavemente difuminadas. Sombríos cuerpos adornan las calles con su ausente presencia, paseando siluetas ahora apagadas . Entre penumbra y paisajes nebulosos, tranquilo al fin, me hallo absorto. Es en este mundo vacío, en este mundo irreal, íntimo, mío, donde puede uno disfrutar, sin mayores molestias ni ruidos, del premio de consolación, libre del cotidiano hastío.
Fumarse las energías la noche entera. Escuchando cómo la incesante lluvia cubre, con divinidad, la ciudad oscura, tratando de limpiar y apaciguar junto a la fulgurante Luna nuestras inquietantes locuras.
Tal vez sea cosa de escuchar la musiquilla eterna. Los estruendosos relámpagos que sin pedir permiso, irrumpen en la sumisa ciudad serena. Y el aguacero siempre mal visto por la opresora sociedad nos recuerda, que él al igual que nosotros es libre, y puede pasearse por aquí y por allá cuando quiera.
Cada gota es una ofrenda de la naturaleza. Se presenta como melancolia en nuestras frías cabezas. Tímida pero consistente reinventa con delicadeza, desde amores de una noche ahogadas en champaña hasta dulces princesas esperanzadas esperando en sus camas.
Cada vez pienso que sería lo mejor escuchar por siempre la musiquilla eterna.
Tímidos riachuelos nos conducen
A lo que alguna vez fue la tierra
Esta vez las rocas estan cubiertas
Por capas de inerte pintura negra
Y tristes sin más dicen
Adiós Madre Tierra
Y los ébanos y los alerces
Ahora yertos y con clavos
Recuerdan con melancolía
Cuando firmes y alegres
Vivían confidentes, silvestres.
El mar por su parte
Atesora los recuerdos
En que ni barcos ni desperdicios
Limitaban sus movimientos
Y no importa el desvelo
Pues esta noche la lluvia
Ha ilustrado de manera turbia
Los paisajes por siempre eternos
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