Las piezas son pequeñas casas,
que guardan distintas personas.
Alcohólicos, drogadictos, niñas abandonadas,
mamás solteras, familias enteras.
Déjame entrar a la tuya amada mía,
pues ésta noche soy yo quién trae las frazadas
con las que nos arroparemos hasta el próximo día.
Pues los dos sabemos: ahí rondan las hadas.
Luego paseamos por el callejón que
da a una olla común donde somos los chef.
Si te vas a la derecha, verás el reflejo de un amor perenne
Vamos hoy, esta noche, al rincón que tú quieres.
Después de un rato,
fuimos a una plaza.
Donde ahí te abrazo,
para amarte al fin con palabras.
El frío calador de huesos,
nos da la señal para que volvamos
a amarnos con bailes,
mientras la canción de la cama, tocamos.
Bien de mañana, traigo
el desayuno a la casa.
Te admiro por una hora,
hasta que el sobresalto
causada por el olor del amor,
llena de risa mi cara.
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